Warning: reset() expects parameter 1 to be array, null given in /home/intuicio/public_html/andes/texto.php on line 40

Warning: Variable passed to each() is not an array or object in /home/intuicio/public_html/andes/texto.php on line 41
Intuiciones / BUSCANDO EL EROTISMO ORIGINARIO
victrola
intuiciones.com.ar
s u m a r i o
Inicio
Genealogía del Diablo
Textos
El Suelo
Intuiciones
El Vuelo
Evangelios Paganos
Laberintos Humanos
Zambas de la Traición a la Patria
Tonadas
Miradas
Contacto
                                   
VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

BUSCANDO EL EROTISMO ORIGINARIO

El duende salió a mi encuentro. Recorrí caminos implícitos

en su nombre originario: j´apiñuñu.



Pertenecemos a un mundo en el que el erotismo ancestral es

una ausencia. No hay lugar para reconocerse plenamente en

el moderno, ni hay un refugio al que regresar.



En el erotismo se encuentra un límite de lo que es el

mundo propio, en tanto que una cultura se define, entre

otras cosas, por la forma en que administra su sexualidad.



Queda en más el sendero transitado con el duende. Por lo

dicho, no he pretendido sentar verdades, sino reconocer

necesidades.

SOBRE EL CAMINO DEL DUENDE.



El duende es una presencia central del mundo quebradeño.

Mis perras arañaban la puerta de la casa de doña Trini, en horas de la siesta. Ella habló del duende que sabía aparecerse por las tardes. Le dije que el ruido era de las perras.



- Qué extraño, - se sorprendió – esta es la hora en que aparecen los duendes.



Hay centenares de relatos, pero este no habla de cosas sobrenaturales, sino de lo extraño de que sean perras y no duendes.



Uno común es de jóvenes que encuentran un bebé abandonado. Lo levantan y cargan. Al andar notan que aumenta su peso, sus dientes, la carcajada. Es el duende, lo arrojan para salir corriendo.



Alguien hacía guardia en el monte tucumano. Le apareció un niño blanco, desnudo en el frío de la noche . La primera reacción fue dispararle, pero lo detuvo su compañero. Luego le comentaron que era el diablo.



En Iturbe, los alumnos del Taller de Historia Oral se preguntaban si el duende era el diablo. Podría serlo, en tanto que muchas presencias prehispanas fueron travestidas en diablo, y no sólo para el cristianismo: el mundo aymara tenía a los animales salvajes como pertenecientes a la humanidad anterior, los chullpas, nuestro zorro era su perro, nuestra perdiz su gallina. Los salvaje, lo bárbaro, lo no civilizado, más allá de las nociones del bien y del mal, es lo que podemos llamar demoníaco.



Dentro de la cosmogonía andina, el duende tiene un lugar que se corresponde con fuerzas de la naturaleza en relación con actos humanos. Mira desde los bordes del mundo con ojo moralizante.



El duende es un niño malogrado, muerto antes del bautismo, abandonado o abortado. Es la contracara del angelito: niño bautizado muerto. Los angelitos protegen, tal vez como reminiscencia del sacrificio de párvulos con fines propiciatorios. El duende venga una culpa: quiere morder la teta de su madre.

De vivir habría imaginado que mataría al padre para reemplazarlo. El duende quiere castigar a la madre por no dejarlo vivir. (También es interesante recordar que el duende pierde el blanco de los ojos, como Edipo perdió los ojos tras matar al padre.)



Adolfo Colombres rescata la imagen del duende con elementos risueños, eróticos y seductores de su homónimo europeo. Sobre esa imagen más simpática, proveniente del paganismo originario de los europeos, se ha traducido el quebradeño, cuya existencia es ancestral.



La imagen del niño mordiendo la teta materna, o seduciendo en forma violenta como el amor de la Pachamama, hace olvidar su origen como niño malogrado y podría vincularse con mitos de la infancia relacionados con el trauma del destete, llenos de erotismo.

(Podría encontrarse un vínculo entre el aborto o el abandono y el fruto de la seducción azarosa y engañosa, y veremos que se relaciona con una de las posibles traducciones del diccionario de Jesús Lara para jap´iñuñu –

jap´iñujña: captura y engaño.)



En todo caso, nos encontramos ante una de las tantas traducciones del mundo ancestral. Al tiempo que los españoles cambiaban las palabras, lo hacían con su contenido cultural y moral.

Waman Poma de Ayala, al describir la vida preincaica de los Wari Wira Qucha Runa, enumera los animales que encontraron, en un pasado semejante al de las chullpas. En su enumeración, que por la convivencia de animales, hombres y presencias puede parecerse a la de doña Trini, aparecen serpientes, hombres salvajes, ojitos de agua, tigres, leones, zorros, osos, venados y duendes, llamados hap´i ñuñu (jap´iñuñu para Lara), que la edición de Murra, Adorno e Irioste traduce por: espíritu que agarra. Estas presencias fueron muertas por los Wari Wira Qucha Runa para poder vivir en la tierra.



La traducción espíritu que agarra por duende, sugiere una versión menos contaminada, tal vez vinculada con alguna delas descripciones que tenemos, pero exenta del tintemoralizador. Podemos más bien relacionarla con los ojitos, uchuq ullku: manantial que nace entre piedras, en tanto que los ojitos, según la tradición vigente, tambiénatrapan el espíritu produciendo susto.



Dentro de los peligros que enfrentaron los Wari Wira QuchaRuna, entre los que están las fieras y los hombressalvajes (para Waman Poma los Wari Wira Qucha son descendientes de Adán que se dispersaron con el diluvio, en todo caso: inmigrantes en tierras ya habitadas), están los uchuq ullku y los hap´i ñuñu.



Jesús Lara da uchujullku por salvaje, y sabemos que el manantial atrapa el espíritu. Como veremos, se homologa con la traducción de jap´iñuñu, sólo que este no parece estar restringido al agua. Para ahondar el significado del uchuq ullku, debemos buscar en el estudio de la cura del susto, que excede este trabajo.



Jap´iy es un verbo que se traduce por agarrar, asir, capturar. Ñuñu es glándula mamaria, pecho de la madre, teta, ubre de los animales, y leche.

Es sugerente que ñujñu sea manjar, delicioso, delicado, algo suave, blando, y que ñujña sea engaño, falacia.

En jap´iñuñu, Lara da directamente: especie de trasgo, genio maligno y dañino. Nos encontramos con dos presencias que hacen correr riesgos: la del manantial, que a la vez remite al salvaje, y el duende, en tanto que genio maligno, asidor de la teta, o tal vez atrapador con engaños.



Olvidemos por un momento la imagen del niño. Tal vez provenga del mestizaje como relato moralizador de los evangelizadores (no quiero decir con esto que el mundo qölla haya carecido de cuentos con moraleja, pero no tenemos que suponerle los mismos valores).

Nos enfrentamos a una presencia que se aferra a la teta. Si lo seguimos despojando, tenemos una estampa fuertemente erótica en tanto que se relaciona con el placer de la lactancia, y más allá del placer, con la cura del hambre en los primeros momentos de la vida. El duende estaría relacionado con el recuerdo del amamantamiento, ya sin ideas de abandono o aborto, y con la necesidad de dejar la teta materna, lo cual implica un abandono.



Nos topamos con un tema oscuro de toda posible restauración: conocer el significado de su erotismo. El catolicismo ha hecho hincapié en la represión sexual. Es la forma cristiana de domesticar al humano, de civilizarlo. Junto a las waqas, los curas exiliaron el placer sexual hacia lo demoníaco, y de ahí que el jap´iñuñu adquiera rasgos maléficos. (En el carnaval se amnistía al demonio, y por ello el jap´iñuñu es el diablito, sin su carácter siniestro. Ramea en vez de atrapar. Vale la pena subrayar el juego de relaciones entre las tres presencias nombradas: duende, angelito y diablito.)



Al tratar las semejanzas entre el paganismo del Norte del Brasil y el andino, interesa su diferente contenido erótico. Tiene distintas raíces ancestrales. Pero para el europeo, el africano fue sólo una herramienta de trabajo, y por ende también de sexo, en tanto que el indio fue tomado como una raza en perpetuo estado de minoridad a la que se podía utilizar a cambio de darle educación (lo cual tiene otro contenido erótico: se hace pero no se dice).



Luego, a este había que evangelizarlo y al otro sólo se lo utilizaba, y en ese caso el qölla recibió una represión sexual que no tuvo el negro. Sin embargo, en los orígenes de la conquista española fueron numerosos los matrimonios de españoles con mujeres de pueblos originarios. Tal vez no se hayan dado tantos matrimonios mixtos como en los tiempos iniciales de la conquista, y esto no se debe solamente a la ausencia de la mujer española, como tratan de explicar los libros de historia, sino también al erotismo que ejercía la nativa. Es cierto que en ello se jugaba buena parte del poder: reemplazo del varón desplazado, y, en algunos casos, encumbramiento dentro de la nobleza local. Pero no debe quedar ahí la cosa, porque el poder es parte constituyente del atractivo erótico.



En la imilla pastorera, la insinuación, la picardía, pueden mantener elementos de lo que fuera el erotismo originario, así como también en los movimientos de las danzas que subsisten. Sin embargo es demasiado impactante la evangelización como para que podamos tener una visión clara de lo que habría sido el sexo, el cuerpo y el placer en esa otra pacha. Por otra parte hay que contar con la demoledora influencia del erotismo moderno, sobre todo por influencia televisiva.

¿Que representaba una presencia asida a la teta dentro de un mundo anterior al cristianismo, y antes del moderno? ¿Era realmente un genio maligno y dañino, era acaso un recuerdo del ataque sexual de los primitivos habitantes en los tiempos de los Wari Wira Qucha Runa, la presencia de los chullpas? ¿Acaso los salvajes que raptaban a la Wari Wira Qöcha Warmi tenían el doble sentido de espanto y placer, como Norman Mailer consigna la fantasía que el norteamericano blanco tiene del poder sexual del africano?

Hablando de las culturas preincaicas, Waman Poma relaciona el orden social vigente con las reglas de ordenamiento sexual y dietético. Dice que eran castigadas la prostitución, la homosexualidad y la infidelidad, hecho que habla de un modo civilizatorio basado en algún tipo de represión sexual.

LEY EROTICA Y CIVILIZACION.



Habla también de una castidad obligada hasta la adultez. Esto podría hacer pensar en un alto nivel de represión sexual, porque sólo una fuerza de igual cantidad al deseo juvenil puede impedir y desviar su satisfacción. ¿Habían ideado una forma de sublimar tanto deseo?



Si es cierta la prolongada continencia sexual (si no se trataba de modos de evitar la gestación sin impedir el contacto sexual), habría que preguntarse: ¿qué formas de sublimación generó esta ley para poder tener vigencia? Es aquí donde encontraríamos algunas de las respuestas que buscamos, más de las que nos podría dar lo negativo de la negación.

La civilización occidental ha derivado la energía sexual hacia la histeria mística y la idealización de la mujer, hechos que describen mejor su cultura que las prohibiciones. ¿En que forma habrían satisfecho su deseo los jóvenes del Tawaintisuyu?

La prostitución ha funcionado, en otras culturas, como canal para que los hombres puedan sostener la virtud femenina, lo que nos hablaría de otra noción de virtud. La homosexualidad ha sido empleada por los griegos para que los jóvenes de ciertas castas sociales puedan desarrollar su modo de vida. La infidelidad fue sostenedora de matrimonios como el chino, no sustentado en el amor sino en necesidades sociales. Su inexistencia podría explicarse menos por una prohibición que por la referencia a otro contexto social.



Waman Poma explica que, a partir del Auca Runa, la ley regía para ambos sexos. Los jóvenes tampoco podían beber chicha, alcohol en general, ni condimentar las comidas. Estas tres prohibiciones redundaban en un crecimiento de sus poderes. ¿Hacia donde derivaban su libido los jóvenes tawaintisuyanos? Dice que por estas prohibiciones eran guerreros poderosos que podían volar o transformarse en animales. Sea esta descripción real o metafórica, el dato es interesante.



Cuando describe al jatun qölla (gran confederación qölla) lo hace, como lo han hecho otros cronistas, como haraganes y perezosos. No vamos a desarrollar aquí el tema de la moral del trabajo, que sin duda merece un análisis más minucioso. Pero puede encontrarse allí una respuesta posible. Se ha hablado de un capac apo inka que quedó seducido por la mujer aymara y de otro que ha fundado su familia en el antisuyu. Ambos datos se pueden relacionar.

Podemos pensar en una relación entre el desarrollo de la civilización inkaica y su moral sexual como forma de transformar el deseo erótico en la generación de una estructura social que tuvo la capacidad de incorporar otras culturas. Del mismo modo, podemos decir que la moral sexual del jatum qölla y del antisuyu han sido más flexibles, encontrando desniveles entre el erotismo de los distintos suyos.

Al tiempo que el panteón tawaintisuyano no se rigió como una sumisión de las deidades locales, sino como una confederación de waqas y apus, tal hecho podría extenderse a las normas de la sexualidad. La elección de algunos capac apo inca por la mujer qölla o antisuyana, puede hablar de la adopción de un erotismo menos restringido para alimentar la fortaleza de guerreros criados bajo estrictas normas sexuales y del placer en general. Algo similar puede haberse producido con el español llegado a estas tierras en los tiempos de la primera invasión.



OTRAS POSIBLES DEDUCCIONES.



Junto a la búsqueda de rituales, sitios sagrados e idioma, se debería buscar en los cuerpos y en las almas, en la sabiduría de los abuelos y en la cultura, restos de lo que fuera el placer sexual de los tiempos originarios. Entonces será desenmascarado el duende, jap´i ñuñu.



Pero si despojamos al duende de su carácter infantil, nos queda por otra parte el niño. Tras los primeros siglos de capitalismo, se ha legislado contra su trabajo. Esa es parte de la historia de occidente.



En el mundo andino, el niño es parte de la comunidad. Trabaja como pastor, en los rastrojos o cuidando a sus hermanos menores. Esto implica, más allá de la necesidad económica familiar, también una forma de educación y juego. Conoce así el mundo del que es parte, tiene una experiencia directa de la fuerza de la semilla, del animal y de la maternidad, de la incertidumbre de la vida y de la necesidad de la presencia de las waqas, para comerciar con ellos un destino.



Comparándolo con el que accede a la tecnología moderna y a las mercaderías de la industria del juego, la imagen del niño andino parece estar en inferioridad de condiciones, más cuando aparece en los bordes de un mundo urbanizado, cuando mendiga en vez de pastorear.



Si en la pantalla de televisión o en la calle es objeto de compasión, en su medio andino se acerca al mundo del jap´iñuñu en dos sentidos: porque el duende habita en su mismo hogar, y porque es parte de un sitio en el que duendes, perras y niños tienen la misma categoría ontológica, son seres que intentan vivir en un mundo azaroso, despojado de la tecnología y de la ideología modernas que pretenden haber domesticado la naturaleza.



Como continuidad de ese mundo, donde la división tajante entre el bien y el mal es sólo la palabra hueca de sermones, el adolescente forzará chinitas, y las mocitas atraerán con su coqueteo hacia los matorrales. ¿Cual es la dimensión del amor? ¿Cual es el marco del erotismo?



Lo hará con el mismo ímpetu que el jap´iñuñu, sin por ello deshumanizarse. No sólo es humano (por ende cultural) sino que también puede implicar un modo civilizatorio. (Podría argumentarse que esta cultura no pertenece a lo ancestral resguardado, sino a la destrucción de esos valores. Hay argumentos que pueden sostener cada una de las posibilidades.)

El niño que encontramos cuando le quitamos el mito, presenta los mismos problemas que el espíritu que atrapa. El duende, el niño y el erotismo siguen reclamando ser desenmascarados.



En Tilcara, Enero del 2005.

volver arriba
 

® 2006 - Derechos de autor sobre textos e imágenes, reservados y protegidos.

WebDesign: mancovsky
/ clases de percusión en buenos aires / Ashtanga Yoga / taller de percusión, clínicas de percusión, enseñanza todos los niveles /