Warning: reset() expects parameter 1 to be array, null given in /home/intuicio/public_html/andes/texto.php on line 40

Warning: Variable passed to each() is not an array or object in /home/intuicio/public_html/andes/texto.php on line 41
Intuiciones / UN CAZADOR DE MINERALES.
victrola
intuiciones.com.ar
s u m a r i o
Inicio
Genealogía del Diablo
Textos
El Suelo
Intuiciones
El Vuelo
Evangelios Paganos
Laberintos Humanos
Zambas de la Traición a la Patria
Tonadas
Miradas
Contacto
                                   
VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

UN CAZADOR DE MINERALES.

Don Aníbal Silva enciende un nuevo cigarrillo en la mesa

del bar que da a la calle Belgrano, en Tilcara. Mira con

sus ojos profundamente claros y habla con su voz de

abuelo. Pronto nos envolverá con la magia de sus relatos,

recogidos en su larga experiencia de vida como minero, y

enmarcados por sus largas lecturas, de las que confiesa al

menos cuatro de Cien Años de Soledad de García Márquez.



EL PRIMER OFICIO: CEBADOR DE MATE.



Yo soy de la clase del ´19. En el año ´30 ya estaba en las

minas de Chuquicamata, en Chile. Era muy chango.

Trabajábamos ahí el cobre, y después, por un accidente

feliz de mi vida, cuando me levantaba a la madrugada a

tomar mate, calentaba agua y una madrigada venía un hombre

caminando. Lloviznaba y venía envuelto en un poncho, un

cobertor, y me dice: “chango, ¿qué hacés vos acá?” “Estoy

por tomar mate, señor.” “¿Y sabés cebar mate?” “Si, le

digo, tomo mate. Mi tío trabaja acá y me ha traído, soy

huérfano”, le digo. Me dice: “mirá, me vas a dar unos

mates.” Saca una petaca él, y a cada mate había que

echarle un chorro de eso que había sido whisky y yo no

sabía qué miércoles era. Toma un montón de mates y

dice: “bueno, chango”, y se va. Y había sido el ingeniero

jefe de la mina, yo no sabía nada de eso. Y a la tarde

había un memorándum para presentarme en la oficina

general. Y yo, qué miércoles, los años que tenía, era un

mocoso y me veía en el medio del desierto ese abandonado

por alguna macana, y mi tío me decía: “¿has hecho alguna

macana?” “No, digo, ninguna macana, no he hecho nada.” Y

no había hecho nada, estaba seguro. Bueno, y lloriqueaba y

me veía en esos campos perdido con las pocas cosas que

tenía al hombro. Llegamos a la oficina general, me

hicieron pasar ahí y había sido él. No lo conocía al

hombre, como había sido de noche cuando yo lo vi, Y yo

estaba lagrimeando. “No pibe, quedate tranquilo, dice, te

he mandado llamar para que me sirvas de matero vos todos

los días”. Así que pasé de la herrería, donde estaba de

aprendiz, a cebar mate. Y después, él me mandaba a

estudiar a Copiapó, era un hombre buenísimo, era inglés.

Estudiaba ahí, y en las tardes estaba en la mina de oro.



CAZANDO MINERALES.



Así que con los años me hice experto en eso y llegué a ser

jefe del departamento de oro, y después fui jefe de

exploración de ellos en la cordillera de los Andes. Por

ese motivo conozco casi toda la cordillera. Bolivia, Perú,

Ecuador. Toda esa zona. Pero eran años muy duros. muy

difíciles, la vida de uno, el trabajo de uno. Pero solo se

acostumbra y no encontraba mejor cosa que entrar en las

montañas. A las grandes ciudades no las conocía, no sabía

nada de nada de esas cosas, no tenía apetencias como es

ahora. Trabajé muchos años con ellos. Vine a hacer el

servicio militar a Buenos Aires, de Buenos Aires me

mandaron a Córdoba, pasamos un año y medio y me querían

meter para gendarmería, para las minas, como era experto

en explosivos y esas cosas. No quise. No veía la hora de

mandarme a mudar y subir al cerro. Así que cuando salí me

volví de nuevo. En esos años no había caminos, eran tropas

de huellas. Así que uno, en la provincia de Catamarca,

formaba una tropa de animales, burros de carga, mulas, con

un capataz, y salía por Antofagasta a las sierras. Eran

muchos días de sufrir soles, fríos, nieve, cosas, pero

estaba en lo que era uno y lo que conocía uno. No sentía

nada. Máxime en la juventud de uno. Y así viajábamos,

trabajando de esa forma. Minería, de todo. Wolfran,

galeno, de todo, hasta llegar al tiempo actual.



Después seguí trabajando por mi cuenta, rodocrocita,

cristales, siempre afín a la minería. Tuve la suerte de

trabajar en la época de Fabricaciones Militares, el

emporio del trabajo minero fue en esa época, en la época

de Perón. Agarramos y solicitaba minas en Fabricaciones

Militares en Andalgalá, provincia de Catamarca, para

rodocrocita, y trabajaba con buen éxito ahí muchos años y

después en Fiambalá, donde sale el camino para San

Francisco de Chile, con wolfran. Uno iba al IAPI, que era

la institución de compras, hacían la evaluación de calidad

del mineral, el peso y todo eso, y pagaban ahí nomás. Así

que uno compraba cosas y se volví al cerro de nuevo.



EL EXILIO EN LOS CRISTALES.



Siempre trabajando solo, y después de unos años, cuando

despareció toda esa cosa y vinieron los militares,

desapareció esa promoción, esa ayuda que había para la

minería. que era mucho, en Catamarca, acá mismo en Jujuy,

Mina Aguilar, había muchísimo acá, en oro, en muchas

cosas, en plomo, todo había mucho. Y empecé a trabajar por

mi cuenta con cristales, con mármol en la cordillera de la

provincia de Salta, en el salar. Iba, traía piedras, las

trabajaba, las cortaba, hacía tallas lindas. Fue una época

en la que había un poco de dinero todavía, y se acabó esa

época y empezó la crisis tremenda.



Había en el Sur petróleo, gas, que era del estado todo.

Aquí en la provincia de Salta, la perforación, el pozo,

todo eso. Y he trabajado mucho tiempo con una empresa en

Tartagal hasta el río Pilcomayo. Hacíamos la voladura y

los sismólogos hacían las verificaciones para ver las

capas de petróleo. Hay petróleo en toda esa zona. Todos

los pozos están tapados, están cerrados, pero hay

petróleo. Es un ambiente lindo porque uno se crió en eso,

macanudo, de compañerismo. No quiere decir que eso sea una

gloria, pero si he tenido muy buenos compañeros ahí, en

Bolivia, en toda la zona, en la zona de Calpe, donde

estaba la azufrera. Eso es una ruina hoy en día,

abandonada una población en la que había gendarmería,

había policía, hospital, en fin: una pequeña ciudad.



Catamarca tuvo en aquellos años la mina de oro más

importante que se conocía, que era Incahuasi, en el salar

del Hombre Muerto. Nosotros con la tropa de mulas

parábamos ahí, nos surtíamos de proveeduría y había agua

para los animales, para componer las herraduras y seguir

viaje a Chile de donde traíamos los explosivos.



EL LEJANO OESTE.



Había gente muy jodida. Había dos tipos, uno era de

Tinogasta, el Cura le decían, Reynoso. Yo lo conocí mucho

a él. Era un tipo alto y le decían el Cura porque usaba un

sobretodo negro hasta los tobillos, y había otro que era

de Corral Quemado, el Chacha Escalante, en Catamarca,

punta de camino de Senta para salir a la

cordillera. “Hola, don Aníbal, como le va, le he visto que

ha hecho real en tal lado”. “Si, efectivamente”.

Decían “hecho real” por donde habían hecho noche. O sea

que a ellos no se les escapaba nada, pero le bajaban la

caña a gente que iba con mulas a Bolivia, volvían con

plata blanca que en esos años era valiosa, con petacas de

cuero. A esos si les daban, a mi no.



Y no sé porqué motivo sería, porque siempre andaba solo

será. A veces llevaba un amigo mío que era capataz de

tropa, que vive todavía, ya es muy viejito ahí en la

provincia de Caramarca, en el cerro. Pero por más armado

que anduviera uno, de allá de un cerro lo bajaban de un

tiro y listo. En Corral Quemado había una familia pionera,

gente rica, las hijas eran maestras, una chica encargada

de la oficina de correos, no recuerdo el nombre. Ahí sabía

parar yo, y ahí me presentó el dueño a este Chacha

Escalante, un hombre bajito pero que ha muerto a mucha

gente. Era asaltante, tanto es así que cuando lo han

muerto, decían los lugareños, de los asaltos que había

hecho a las caravanas tenía por ahí una fortuna, pero

nunca pudieron hallar nada. Era gente que escondía en la

cordilleras las armas y el botín, y lo asesinó un sobrino

por la espalda.



En Antofagasta, en ese tiempo de la gobernación de Los

Andes, había un comisario, muy buena gente, porteño, un

chico que fue enfermo de cáncer, y bueno, se lanzó a

correr el país, los cerros, porque como le habían dado

pocos meses de vida... Se quedó ahí y de viejo ahí ha

muerto. Se curó, que se yo, o el agua, o la paz, o la

tranquilidad. César Vara. Era muy amigo con él, y después

se casó con una kollita, linda la kollita, muy macanuda la

Teresa, y tuvieron hijos y actualmente la chica vive en la

provincia de Salta, ya mujer vieja. La casa de él era un

enorme caserón antiguo, así que ahí era paradero de las

tropas que iban como las que venían, y él a su vez se

encargaba de las cosas, traía de Chile, que en ese tiempo

la hoja de coca no había problemas. Uno estaba cuatro o

cinco días y reponía fuerzas, arreglaba los animales, si

había que dejarlos se los dejaba, y preparaba de nuevo el

viaje a Chile, una semana larga de viaje, comprábamos

explosivos, munición, que uno usaba 38 largo, winchester

44.



A VECES VUELVO.



Me llama algo y vuelvo. Ahora hay caminos de coches, salvo

por esos caminos que van a Bolivia por Rinconada, Santa

Catalina, el cerro Zapaleri que divide Bolivia, Argentina

y Chile. El año pasado yo estuve ahí, traigo piedras,

onix, después estoy trabajando en el taller de Santa

María, Catamarca, y no me instalo aquí en Tilcara porque

me ha faltado la fuerza, el traslado acá, es mucho. Ahora

se venden cristales y onix nada más que de adorno, no para

otra cosa. Los cristales son de canteras de Catamarca,

departamento de Belén, son únicos, no hay en otro lado,

onix rojo que es muy raro.



¿COMO COMENZÓ CON LAS TALLAS?



Por una afinidad de ver tanta piedra linda, tanto mármol

arriba en la cordillera, todo botado, así que iba, me

ahorraba unos pesitos y me traía 500, 600 kilos de

piedras. Empecé a trabajar con cristales, limpiarlos,

prepararlos. Después hacer las bases con algarrobo de

Catamarca.



¿Y PUDO ARMAR UNA FAMILIA?



Si. Quedé viudo hace varios años, quince años y quedé

solo. Ella era docente en Catamarca. Yo trabajaba por mi

cuenta y entonces disponía de mi tiempo, disponía de

volver a mi casa cada quince días, cada semana. Estaba

trabajando wolfran, y estaba cerca, prácticamente cerca,

300, 400 kilómetros, y había transportes, caminos, así que

me podía movilizar más cómodo para estar en casa. Después

cuando ya me quedé sólo, ya me volví, ya no había nada que

me ate.



¿SE REÚNEN CON LOS VIEJOS COMPAÑEROS DE TRABAJO?



Por ahí me reúno con algunos conocidos de esos años, los

encuentro por Catamarca, o la cordillera, charlamos dos o

tres días, tomamos mate, algún asado, un par de vinos.

Como si uno se mantuviera en el espíritu con las cosas de

aquellos años, y te acordás de esto, te acordás de este

otro. Uno se acuerda de todo cuando lo tiene guardado acá.

Lo que extrañamos es el cambio total que sufrió el mundo.

En esos años no se conocía nada, pero ahora andan por el

cerro con la radio o con el teléfono celular. En esos años

ni los cigarrillos existían. Catamarca producía un lindo

tabaco, en rama, así que uno compraba varias ramas, y la

chala era el papel que había, uno lo sobaba con el lomo

del cuchillo y quedaba como una seda, y con eso armaba. Yo

fumo desde los once años y parece que lo elimino, con la

Pachamama lo elimino todo. Ahí había llamas, vicuñas, suri

había muchos, y esa gente los mataba por necesidad pero yo

nunca. Yo soy muy afecto a la Pachamama, no me gusta ni

matar un animal ni nada, no lo tolero en la cordillera.

Uno llevaba charqui de vacuno, llevaba tortilla o grasa y

harina.



¿COMO VE SU FUTURO?



Yo he leído mucho sobre el asunto de las PYMES, pero

claro, supongo que hay que tener alguien que sepa eso,

como se hace, como se instala un taller, comprar máquinas

y enseñar a los chicos. Hay que andar mucho, pero aquí hay

piedras que se pueden elaborar, darle un pulido,

lustrarlas, ponerle una pequeña base. Y salen cosas, como

no, acá hay piedras de un costo accesible, y con alabastro

hacerle una base. Típico de acá todo. Todo eso se puede

hacer.

volver arriba
 

® 2006 - Derechos de autor sobre textos e imágenes, reservados y protegidos.

WebDesign: mancovsky
/ clases de percusión en buenos aires / Ashtanga Yoga / taller de percusión, clínicas de percusión, enseñanza todos los niveles /