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Intuiciones / ANGELICA MACHACA, COPLERA.
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

ANGELICA MACHACA, COPLERA.

Cuando Angélica Machaca se presenta en una rueda de

copleros, suele empezar cantando que “desde Tilcara he

venido / saltando sobre cajones / nada me han hecho los

tigres / que me han de hacer los ratones”. Pero para esta

mujer de 35 años, madre de tres hijos, de los cuales la

más pequeña hace ejercicios para la escuela mientras su

madre conversa, y la mayor participó este año de la

elección para la reina de la Primavera de su escuela, debe

empezar así, pisando fuerte, para que se le achiquen los

que la quieren desafiar a un contrapunto. Difícil tarea el

que la quiera topar, porque su vida es una sola cosa con

la defensa de las tradiciones quebradeñas. Por eso, a

veces, suele presentarse así: “En Tilcara donde vivo /

pueblo que es una hermosura / aquí canta esta mocita /

defendiendo su cultura.”



Lástima que en una nota escrita sólo se pueda bosquejar su

tonada, y presuponer su sonrisa, porque en ellas, a la par

de la rica información que brinda sobre su vida y su

mundo, se encuentra tal vez el cincuenta por ciento de la

información que nos deja. Sin embargo, bastarán estas

líneas para acercarnos al mundo en el que vive Angélica

Machaca.



RESCATAR LA CULTURA CON LOS MISMOS TIEMPOS DE NUESTRA

CULTURA.



Depende de los tiempos. Hay veces en que uno está más

contagiado, con más ganas, y hay veces en que retomás el

tiempo... Bueno, como en la vida. Hay tiempos en que te

movés más, y hay tiempos en los que estás tranquilo, más

pasivo, retomando fuerzas, trabajando otras cosas,

tentando por otro lado de mantener nuestras raíces. Hay

tiempos en que te retrocedés un poco porque ves que todos

los cambios de este mundo moderno, que avanza tan rápido,

y uno dice: los chicos están en otra, uno quiere decirles

y ellos están en otra. Después aparecen unos compañeros

que son los mismos que están en esto, y vos ahí retomás

fuerzas y seguimos para adelante.



La juventud es siempre mareada, pero parece que ahora nos

mareamos por más tiempo, y dura más. Y el miedo es que uno

no pegue la vuelta, y se vaya nomás de largo, y elija

otras cosas. En mi no ha sucedido eso. En la escuela ya

tenía inquietudes así. Yo me acuerdo que, haciendo la

escuela primaria, nosotros veníamos del Valle, y me

acuerdo que había mucha discriminación y no podía entender

porqué. Hoy reflexiono que había un grupo de gente aquí,

de amigos, por ejemplo, con los cuales vos no podías ser

amigo. Y esa diferencia la marcaban también los maestros,

entonces, si no eras la niña bonita, la lindita, la

blanquita, la maestra la quería por más que no sepa nada.

Y nunca se le hubiera ocurrido a un maestro mostrar una

copla, que por ejemplo yo cantaba cuando era chica. Recién

en la secundaria tuve un maestro de historia que, porque

tenía voz alta, me hacía leer las composiciones. Y ese

profesor me contaba mucho de como había sido la historia,

mostrando las dos historias, destapando lo que había

ocurrido con nuestros antepasados, y no todo, sino algunas

partes. Y después nosotros mismos nos mareamos con toda la

música de las discos, pero en mi ya había algo. Yo me

acuerdo que había que juntar cosas para las veladas

artísticas y los festivales, y a mi siempre me tiraba con

hacer cosas que tengan que ver con nosotros. Recuerdo que

recitábamos cosas de Choquevilca. Habíamos hecho una

creación de teatro. Resulta que había de todo, chicos que

bailaban rock, y yo salía con un maíz. No entendía muy

bien porqué.



Nunca lo podía entender mucho a mi papá. Me acuerdo que la

pelea era por comprar una mesa o no comprar una mesa. Y él

decía que lo importante era comer, no importaba donde,

sentados en banquitos, en piedras. Entonces era la gran

discusión con mi mamá. Y en ese momento yo me había puesto

del lado de mi mamá, y hoy pienso que eso era mucho más

allá. Y así fui creciendo.



Yo vengo de Molulo. Mi mamá es de un valle de San

Bernardo, y mi papá de Molulo. Son dos vallistos que se

encontraron. Y ahora yo vuelvo más a los valles de

Abramayo, de San Bernardo, porque de la otra parte ya mis

abuelos se han venido. Yo he nacido aquí, pero por

cuestiones de trabajo de mi papá, siempre volvían para

allá, y así hasta los 6, los 7 años. Y terminaba la clase,

y al otro día volvían para allá.



LA LENGUA MATERNA Y LA COPLA.



Sólo quedan algunas palabras así sueltas del quechua, y

después no hay nada. Y nos ha quedado el castellano

únicamente, lo que ha traído el conquistador. Nosotros

tenemos la copla, a pesar que después me he enterado que

es bien española, pero bueno, el tema de la caja, de

cantar en rueda y de que había quedado toda esa gente de

campo, más que todo. A mi lo que me ha afianzado más la

copla ha sido que es una forma de divertirse, y esa

capacidad de poder armar un verso en la rueda, esa

capacidad de tener tanto verso dentro del alma, de la

mente. Eso es lo que más me impresionaba. Yo empecé a

cantar para afuera a los 20 años. De chiquita cantaba para

adentro. Escuchaba a mi papá, a mi mamá. Ya quince días

antes del Carnaval preparaban la chicha, y la caja, y el

erkencho. De joven me gustaba mucho bailar en la comparsa,

calle arriba, calle abajo.



Las coplas se reconocen por las tonadas. Aquí, en el mismo

pueblo donde bajan, hay un montón de tonadas. Entonces,

cuando se juntan más pueblos, hay un montón de variedades.

Y mi papá canta de una manera, mi mamá canta de otra

manera. Y en el mismo valle, cruzando el río, ya cantan de

otra. Y así se reconocen, esta tonada es de tal valle, esa

tonada es de otro. Y con las coplas también. Hay gente que

canta coplas pícaras, otras que cantan coplas de amor. Y

depende de la rueda, porque de la forma que están cantando

debe salir todo.



Primero era recordar lo que repetían, y uno aprendía de

memoria. Y después ha sido empezar a pensar mis coplas.

Vas a una rueda, y tenés que presentarte y no vas a salir

diciendo otro nombre. Porque algunos ya tienen su forma de

presentarse, y vos pensás en componer la tuya. Y no iba a

empezar diciendo: mi padre ha sido enfermero, mi madre ha

sido enfermera... Hay una copla así, pero si no coincide

con mi vida, no pegaba. Entonces tenías que armar tu

propia copla de acuerdo a tu vivencia.



La copla de mi padre es más ligera, más alegre quizás. La

de mi mamá es más para cantar estirado, más alargada la

tonada, y más finito canta. Los hombres, sobre todo, bien

finito cantan donde vive mi mamá, y donde vive mi papá,

no. Es más cortadita, con más movimiento y ritmo. Pero las

dos son lindas.



Vas a una rueda, y es lindo. Si te encontrás con

moluleños, podés compartir a lo moluleño, y te encontrás

con gente de otro lado, y también. Es lindo cantar la

copla en la tonada en que está la mayoría, y entonces no

se pierde el ritmo.



Aquí cantamos en el Verano, después de Setiembre, o de

Noviembre. Aunque ahora más, siempre, todo el Verano.

Tiene que ver con las cosechas, con la alegría, con el

tiempo. Es agradecimiento, hasta Marzo. Hasta Junio cantan

algunos en el Valle. Porque hasta Abril hacen las últimas

marcadas. Las señaladas, algunos las hacen antes de llevar

al monte su hacienda, porque ellos están en una zona más

alta. Y en Abril, Mayo, ya las llevan para abajo, donde es

más cálido y hay más pasto. Y entonces, antes de bajar,

hacen una marcada, y toda la noche se canta. Aunque dice

mi abuelo que antes se cantaba todo el tiempo. Porque no

había otra forma de divertirse. Como no había radio, era

caja nomás. Y los jóvenes aprendían más.



Se cantaba después de los 8 días de un entierro, y también

al año. Los Carnavales eran en casa. Mirá, eso lo estamos

perdiendo ahora. Vos sabés que empezaba, y el Sábado era

en lo de una vecina, y el Domingo era otra vecina. El

Lunes. Todos los vecinos que se juntaban compartían en esa

casa, y el Martes de Carnaval eran muchas casas juntas.

Desde la mañana se empezaba con la cuadrilla de coplas por

todos lados. Había una vecina que hacía la chicha, y era

muy atenta, le gustaba cantar. Bien coplera era. A veces

te contagiaba, porque íbamos locos, rápido, y ella: esperá

un poquito, te decía, y te tenía hasta parar con ella. No

podías pasar así corriendo. Y le llegó la muerte, y

nosotros cantamos en el cementerio.



Al comienzo mi papá sabía decir que los curas se enojaban

mucho con los sikuris, por ejemplo. Y hasta ahora hay

curitas que se enojan mucho porque no se callan, no les

tienen paciencia suficiente. A veces por la distancia,

porque uno está tocando en la otra punta, por ser tantos.

Pero hoy, cualquier curita tiene que saber que la ausencia

de un sikuris se nota muchísimo. Decían eran los que

toman, los que no tienen nada que hacer, y sin embargo si

no hay sikuris en una fiesta patronal o en un santito, se

nota mucho la ausencia.



EL LUGAR DE LA MUJER



En el campo el trabajo es común, bien compartido, aunque

hay algunos signos como que el hombre tiene la primer

palabra. No sé si habrá sido impuesto. Pero hay momentos

donde la mujer ocupa si o si su lugar. En la señalada

quien dispone, quien está como jefa de ceremonias, es una

mujer. Porque ella dispone cual es el chivito que se va a

señalar ahora, cual es la señal que corresponde, va

preparando los adornos. Y ella es como la jefa de

ceremonias. Y cuando se hace la Pachamama también. Todo

pasa por ella, o por la decisión de los dos. Pero más por

la mujer.



Pero tocar los sikuris siempre fue de varones. Incluso nos

dijeron que las chicas no podían tocar, porque sino no

pueden dar la teta a los bebés. Y ahora, en las bandas hay

mamás con sus bebés. Era una manera de decirnos: no se

metan en esto. Pero ahora vemos que los hombres lo han

tomado bien. Incluso nos quieren enseñar más.



Las mujeres estaban tan acostumbradas a no poder hacerlo,

que a veces piensan que no van a poder tocar. Nosotros

sentimos la diferencia. Por ejemplo, no podemos soplar

como soplan los varones, pero a la misma vez no eso es

ventajoso, porque se siente más afinada la música. La

banda Rosa Mística tiene 30 mujeres. A veces juntamos más,

a veces muchas están afuera. Y subimos a Punta Corral, a

Sixilera. Lo que si, nosotras no podemos tomar mucho, pero

hace frío en el cerro. Nos juntamos aquí en casa y

ensayamos. Nos parecía que era otra forma más, en esto de

las bandas de sikuris, por ejemplo, hay más chicas

jovencitas que en la copla. Yo siempre les decía a mis

amigas: vamos, cantemos, dale. Somos poquitas las jóvenes

que cantamos. Y se ha visto en fiestas de copleros que hay

jóvenes que se acercan, que miran, que están escuchando.

Se prenden en la rueda, se animan un poquito. Y algunos

les van a pedir coplas a los padres. Y en los sikuris

parece que nos avergüenza menos, porque cantar parece que

da más vergüenza. Y entonces las chicas se animan más. Y

hasta hay niñitas, como hay varones. Como varones copleros

hay menos también. No sé, se animan menos.



INSTITUTO DE FORMACION DOCENTE EN LENGUA Y LITERATURA



Antes no podía hacer esa carrera porque había que ir a

Jujuy. Yo ya había conseguido un trabajito aquí en la

administración, bajaba a San Salvador un tiempito. Dos

meses creo que habré bajado todos los días. Iba y venía.

Pero no podía sostenerlo. incluso económicamente, y

entonces dejaba. Ahora si, como se abrió aquí esta

posibilidad. Me interesaba poder trabajar sobre eso algún

día, tener que ofrecerle a los chicos desde otro punto de

vista, porque la lengua enseñada en la escuela siempre nos

ha hecho mucho daño. Es por donde más nos han jodido. Que

hablan mal. Nos quitaron la palabra. Entonces, hoy tengo

la posibilidad de hablar con otra persona, y saber que

otra persona es igual que nosotros. Entonces yo pensaba

que este podía ser un lugar de lucha también. Pensaba que

la lengua asegura la supervivencia de una cultura, pero

nos callaron la boca, nos taparon la boca. Porque si

hablábamos así, no era la forma de expresarse, la forma de

coordinar las oraciones. Y pensaba que podía hacer un

aporte para cambiar eso un poquito aunque sea. Igual lo

estoy haciendo despacio. He elegido 3 materias para este

año, porque quería hacerlo bien.



Pareciera que una vive en Tilcara, y muchas veces hay

gente que dice: ¿qué? ¿no te morís? Deben estar aburrido,

tanto silencio. No tenés nada para hacer, no tenés tele. Y

no, fijate que siempre uno está viendo la necesidad de

alguien, está recurriendo a amigos, esta vecina que está

en estas condiciones, que hay que ayudar. Igual se vive,

se vive pero es lindo, es vida. Ese fue el sentido de

hacer sólo 3 materias por año. Hacerlas con más

compromiso, no pasarlas para recibir el título. Aunque

ahora está todo que cierran en cualquier momento, pero mi

objetivo está.



BUSCANDO RECONSTRUIR LA ESPIRITUALIDAD ANDINA



Hay otro grupo de jóvenes donde siempre estamos hablando

el tema este de la identidad. Estamos trabajando

principalmente el tema de la espiritualidad del mundo

andino, de como hemos perdido todo. Y pensaba últimamente

que hay tantas cosas nuevas, tantas enfermedades

espirituales para las cuales no tenemos respuesta. Es como

cuando los españoles trajeron la viruela, y nuestros

originarios no tenían respuesta. Y hay tantas cosas

nuevas, por ejemplo, el alcoholismo, el tema de la

violencia familiar. Todas esas cosas nos están preocupando

mucho. Y tenemos tantos valores, como esto del sikus, los

copleros. Y a veces nos ha vencido la otra parte, para la

cual no hemos tenido respuesta y se nos han ido, pues,

así, con toda su juventud, con toda su garra, con todo su

valor dentro de tocar un sikus, con toda su fuerza de

cantar una coplita. Y eso me dolía mucho, no poder tener

respuesta, y ver, buscar aquí y allá. Ver de como buscar

los grupos de autoayuda y matizarlo con lo nuestro, y no

caer en fanatismo. Porque nuestra cuestión se ha

confundido mucho. Se ha llegado a pensar que el alcohol

era un tema cultural. Llega un momento que sirve para

alegrarte un poco, pero cuando ya no es diversión se ha

hecho enfermedad, y es terrible. Eso estamos trabajando

ahora. Es un grupito todavía enterrado, podríamos decir,

soterrado. Y estamos planteándonos esas cuestiones

espirituales.



Es difícil. Charlando con ancianos, con gente que ha

trabajado toda su vida, que tenga algo positivo para

nosotros. Buscar en esas personas adultas. Hemos tenido

visitas de ancianos de Bolivia, y charlas con ancianos de

aquí. Pero es lento, y lo hacemos en la medida en que

podemos. Hay un grupo que está más sólido, que tienen más

posibilidad de encontrarse, y están en Jujuy. La mayoría

de los chicos se reúnen todos los Jueves. Y cuando hay

acontecimientos más importantes, nos juntamos, y nos vamos

a un lugar alejado, y tratamos de ponernos en contacto con

los que habrán sido nuestros dioses, nuestras wakas. Esas

piedras importantes, y que nosotros creamos que son

importantes. En los pucarás. Queremos encontrarle el

sentido, porque sinó es como que la vida era sin motivo.

Sentíamos mucha energía al ir a esos lugares, y hubo un

abuelo que nos dijo: “ahora piensen en todas sus penas, en

todas sus dificultades, en todas sus alegrías”, y era como

ir completando y sentir eso que nos estaba vaciando. Era

vivir sin ninguna perspectiva, sin ninguna fe, sin ninguna

esperanza. Y para meterle para adelante con el trabajo,

sinó era difícil: decir esto no sirve, esto no sirve, todo

negativo.



Para nosotros los jujeños ha estado muy marcado este tema

de la discriminación. Al jujeño se le ha dicho boliviano,

y el jujeño siempre ha querido distinguirse, y entonces

trata a rajatablas de cortar. Pero hay una cosa en común,

porque en lo que no es el idioma, se nos filtra. En las

comidas, en la música, se nos filtra todo, en los sikuris.

Sale por otro lado, pero no lo quieren admitir. Siempre

pienso como del correntino, de la polka paraguaya, se

filtra tanto el guaraní y nadie tiene vergüenza de ello. Y

en el Sur también, todo el tema del mapuche con el

chileno, como una región cultural. Y nosotros no. Escuchás

un poco más de música de sikuris y te dicen boliviano. Los

maestros quiaqueños niegan, por ejemplo, que se hable el

quechua en las escuelas. Y las mismas formas del habla en

ese lugar, decían: no. Dicen que es una zona de frontera,

que tenemos que defender nuestra identidad. Y a nosotros,

todo el tiempo que hablan mal, hablan mal, que hay que

parecer más a lo argentino. Y yo creo que no.



Yo creo que tendríamos todas las respuestas para una mejor

vida. Lo que pasa es que hay que tomar conciencia de eso,

Porque imaginate vos, con tanto avance que ha habido, y es

como haber dado toda una vuelta, y vos yendo simplemente

así, como venías, y estaba. Yo digo: caramba, si nos

hubiéramos afirmado en lo nuestro, muchos chicos estarían

preparados para un montón de cosas. Nuestros jóvenes,

nosotros mismos. Preparados para enfrentar muchas cosas y

para aprender muchas cosas de todo el mundo. Pero esa

parte es como que está todavía ahí, débil, y esto es

trabajo de todos. Reforzar eso. Crear ese sentido de la

identidad ancestral, que es lo único que nos puede salvar.



Yo les digo siempre a los paisanos de los Valles que están

dejando su lugar, que están viniendo al pueblo y alquilan

una piecita, yendo al comedor nutricional cuando allá

tienen todos los campos abandonados. Y uno sabe que aquí

no está la respuesta. Pero ellos dicen que allá no hay

escuela, que está lejos para ir a buscar agua, que es

trabajoso. A mi también me pasa. Yo he venido aquí, y todo

es más fácil. Estás cerca del trabajo, estás cerca del

agua. Veo a mis tíos, a mis primos que están allá, y les

digo: no se vengan, allá está la vida. Aquí hay muchas

necesidades que se imponen, como la tele. Te hacen sentir

necesidad, y te dicen: pobrecito porque no tiene tele. Y

no nos damos cuenta, porque incluso los hemos hecho sentir

pobre gente. Pero cuando yo iba a la casa de mi abuelo

comía asado todos los días. Cosa que aquí es difícil. Y mi

abuelo ponía las verduras, papa, maíz, zapallos. Tenía

todo. Trabajaba, y había. De la lana, tejían el abrigo. El

cuero lo trabajaban, lo vendían. Hacían lazos. De madera,

hacían las fuentes, platos, todo.



Yo ya creo que lo único que nos puede salvar es volver.

Incluso para nuestros jóvenes. Hay que ver a los chicos

detrás de una marca. Si nosotros tuviéramos bien sólida

nuestra raíz, no necesitaríamos de marcas. Hay mucha gente

que está pensando en esto, y habrá más que piensen igual,

y entonces se puede. Yo creo que si.

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