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Intuiciones / POESÍA DE LOS INCAS
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

POESÍA DE LOS INCAS

El concepto pacha junta dos ideas necesarias para poder

acercarnos a cualquier hecho cultural, entre otros a la

poesía. La poesía clásica china, para dar un ejemplo, no

sólo es inaccesible para nosotros, que apenas si podemos

conocer datos sueltos, aislados y traducidos de su mundo,

sino también para los chinos de hoy. Una pacha es tanto un

lugar como un tiempo. Y la pacha del jailli, esa

extremadamente bella manifestación de la poesía quechua,

no sólo corresponde a un lugar determinado del mundo sino

a un tiempo preciso: el colosal proyecto del Tawantisuyo,

los cuatro lugares por los que pasa el sol.



Decir lugar no es sólo hablar de paisaje, sino de

quebradas, lechos y abras atravesados por relatos, el

calendario de la tierra, ciclos que afectan a la

producción, fiesta, ruego, descanso de una comunidad:

religión y trabajo. Dioses y comunidades embarrándose para

construir, alimentarse, tiempo y lugar tan inaccesibles

para el extranjero como su poesía.



Nos resta la intuición. Munidos de unos pocos datos como

de bastones para transitar la oscuridad del cerro, la

intuición es la escasa luz que tenemos.

a.



Nací como lirio en el jardín y así fui criado, y como

había que envejecer, envejecí, y como había de morir, así

me sequé y morí.



Pachacuti Inca, su autor, fue hijo de Viracocha Inca,

quien construyó la residencia Nunca Morirá, hanan huanuco,

y no murió. Huayna Capac, nieto de Pachacuti, conocerá las

invisibles vanguardias de la invasión muriendo de viruela

cuando los extranjeros aún no habían pasado de las

Antillas. Instituyó el culto de los muertos que hasta hoy

realizamos en Noviembre. Es el ciclo de los Incas que

extienden el mundo a la comunidad de los muertos.



La eficacia del poema radica en dos aspectos. El primero

es de resumir una biografía a sus datos esenciales:

nacimiento, crianza, envejecimiento, muerte. Los ciclos

que se repiten (alaxpacha) son la única huella del hombre.

(He puesto así en la primer versión de este texto. El

hecho requiere una aclaración: los aportes de la

individualidad también trascienden, pero fagocitados por

las necesidades de la cultura a la que pertenecen o a la

que se transplanta el concepto. Así, Cristo tiene menos de

la persona que vivió hace 2.000 años que del personaje que

se construyó a la medida de los tiempos, ajustado a las

sucesivas pachas. Las hagiografías son el rasgo más

grosero de esta adaptación de una biografía al relato

necesario a una ideología, y en menor medida los recuerdos

de seres que han trascendido en épocas más recientes, como

Napoleón, por ejemplo. Pero ni aún los de un gobernante

vivo – digo gobernante en el más amplio sentido del que

rige a una sociedad en una época, ocupe o no un lugar

determinado en la burocracia estatal, como Sarmiento lo ha

sido en la historia argentina antes aún de ser su

presidente – son necesariamente los reflejos de una

psicología y una gesta determinadas, sino, por el

contrario, son más el reflejo de las necesidades

históricas en rasgos rescatados de ellas.)



La crianza nos enraíza en la cultura, nos eleva por sobre

el mezquino horizonte del individuo, nos hace pertenecer a

un mundo en oposición a los biológicos nacer, crecer,

reproducirse y morir. El resto (mancapacha) son los

acontecimientos que azotan la vida, la vuelven una

individualidad, y están fuera del poema.



Poema que es a su vez una visión del hombre en la que

rigen su esencia animal (nacer, envejecer, morir) y su

inserción comunitaria (crianza) por sobre el más o menos

rico anecdotario de sus horas, detalles de su rostro. Por

ello la solidez de las metáforas: lirio por conciencia, y

jardín por cultura (teniendo en cuenta que en español,

cultura y cultivar tienen una etimología compartida).



El segundo rasgo del poema es que Pachakuti habla de su

muerte en tiempo pasado, después de fallecido. Realidad o

herramienta poética, esta perspectiva llena el poema de

belleza y melancolía, y le permite pintar la vida con las

cuatro pinceladas que definen su paisaje.



b.



Tu eres noble del Cuzco, yo soy noble de Colla. Juntos

beberemos y comeremos sin que nadie intervenga. Yo soy de

los que usan asiento de plata; tu, de los que usan de oro;

tu eres de los que adoran a Viracocha, preceptor del

mundo; yo soy de los que adoran al Sol.



Capac Yupanqui fue el inca que intuyó la presencia de

Pachacamac Viracocha, razón silenciosa que rige los ciclos

constantes del universo, causa del sol, del mundo, del que

el sol y el mundo son su huella. Fundamento, creador,

sostenedor, es la base de alaxpacha (las leyes del cosmos)

y de mancapacha (sus contingencias). La esposa envenenó a

Capac Yupanqui casándose con su hijo Inca Roca. El hijo de

Inca Roca, Yahuar Huacac, llevó a las wakas de cada

comunidad al templo principal. Así se cumple el ciclo de

los Incas que van desde la primacía de la razón por sobre

el mundo (Capac Yupanqui y la intuición de Pachacamac

Viracocha) hasta la rebelión de los instintos (su muerte)

y de los espíritus del mundo (Yahuar Huacac Inca).



Todos los pueblos han sufrido la disputa entre un dios

invisible, mudo, ley y origen del universo, contra las

avatares del mundo (paganismo). Es el camino que va de la

incertidumbre a la conciencia de un orden universal, y a

la inversa, la recuperación del miedo primitivo como

conciencia de la vida. Capac Yupanqui es lo que Moisés a

lo judeocristiano, Mahoma al pueblo árabe, Lutero al

catolicismo paganizado. Profetas del dios uno ante la

idolatría que emerge de la raíz de los pueblos y de la

visión de la cosa, y demonizadores de esta visión primera

de la cosa en la frontera de la cultura.



El iconoclasta es legítimo en tiempos en los que los

ídolos están muertos, como sucedió con la limpieza de

wakas secas ante la inspección de Pachakuti. Capac

Yupanqui descubre el poder del monoteísmo, teología

llamada a perecer en un mundo comunitario; Pachakuti

enfrenta la debilidad y decadencia de los espíritus de la

tierra hechos imagen.



Este poema nos habla de una solución distinta a la de los

Capac Yupanqui: los nobles que adoran al invisible,

silencioso, ley última del universo, ciencias, y aquellos

que veneran a las fuerzas de la tierra, conocedores de su

poder (el sol es parte del mundo, regidor dentro de lo

visible), ambos se sientan a beber y comer sin que nadie

intervenga.



La intuición de Capac Yupanqui, como toda deidad invisible

y perfecta, trajo consigo una moral incorruptible que

necesariamente entraría en conflicto con las vidas reales.

Capac Yupanqui fue muerto por la rebelión del instinto,

resistencia al silencio de las respuestas esenciales, a

los portadores de una ética de santidad. (Del mismo modo,

Freud encuentra en el relato mosaico los síntomas de la

culpa por el asesinato que el pueblo hebreo habría

realizado con su profeta.) Capac Yupanqui, Moisés, Mahoma,

Lutero, le piden a sus comunidades y a sus hombres ser

perfectos como su dios es perfecto. Las deidades de la

tierra reflejan una moral ciega como el río que baja, la

seca que hambrea, el derrumbe que aplasta, el agua que

vivifica, y la buena cosecha.



Aquí, monoteísmo y paganismo son llamados a convivir ante

una mesa provista de bebidas y banquete. Y son los nobles

los que se sientan a ella. Sólo una aristocracia puede

permitirlo. No es el agricultor que venera a la deidad del

surco ni el sacerdote que ha hecho oficio de la religión.

Es aquel que posee la libertad de sentarse a comer y beber

para resolver los dilemas del universo. La fe de la

tierra, con la fuerza de la vida misma, es propiedad del

agricultor, los sacerdotes se encargarán de expresar los

dogmas.



Para resolver esta teogonía de Pachacamac Viracocha

expulsando a las wakas, Inca Roca instituyó la división de

las comunidades en hanan y hurin, alaxsaya y mancasaya,

partes que juegan al combate para dirimir las tensiones

cósmicas. Nace así el tinku, que es encuentro y es combate

y es danza. En las comunidades se representaba aquello que

de otra forma sería opresión y resistencia.



c.



Instigador de la mentira, demonio furibundo, en mis

momentos de desdicha y de extravío y de alucinación, a ti,

maestro de los adversarios del Cuzco poderoso, te rendí

adoración con toda mi entereza, con todo mi poder, en

holocaustos y festines, y todo lo sacrifiqué por ti,

maestro de ladrones avaros. Quizá vosotros, malvados y

ruines, sois los malignos adversarios que ha venido

persiguiendo el Creador de los hombres. Ojalá que así

siempre y con estas palabras todos mis hijos y mis nietos

se dirigieran a vosotros. Y este siervo sumiso de

Viracocha, educador del mundo, supremo juez que siempre

alcanza, a vosotros, maestros del mal, siempre os deteste.



Pachakuti Yamki Salkamaywa escribe este poema ya sometido

el Cuzco. Pinturas del barroco mestizo representaron a

Pisarro y a Carlos V como decimotercer inca. Del mismo

modo Pachacamac Viracocha es Jehová, y los dioses de la

tierra son demonios. Tal debe haber sido la teogonía de

Capac Yupanqui, pero el Tawantisuyo no permitió el

destierro de las wakas, ídolos, espíritus de la tierra.



Para el dios invisible, los espíritus de la tierra son la

mentira. Así como para una moral absoluta la vida es

pecado. Los dioses derrotados son demonios y su adoración

es enemiga de la fe. Esto es sinónimo de una moral

imperial, la del poema anterior (b) es propia de una

religión comunitaria y aristocrática. Lo mismo es creer

que la sociedad colonizada, la enseñanza escolar y

científica son verdad, y la tradición ignorancia. Este

poema pudo haber sido escrito por nuestro Sarmiento, para

quien la civilización es una virtud cuya ausencia es la

barbarie.



Todos los dioses precolombinos se han travestido para que

su memoria no caiga en el olvido y acompañar a sus

comunidades. Los espíritus de tierra, agua, aire, sol,

sembrados, cerros, quebradas, ríos, tomaron el ropaje de

santos, vírgenes, cristos y demonios y desde sus ojos nos

miran esperando que se les devuelva el rostro originario.

Pachacamac Viracocha asumió la metafísica de un dios

invisible opuesto a la mentira del mundo, al pecado, la

carne.



Pachakuti Yamki Salkamaywa se desdice del culto a las

wakas y pretende que sus hijos y sus nietos no lo repitan.

Son tiempos en los que ya no se sientan el noble del Cuzco

con el noble de Colla para beber y comer juntos sin que

nadie los moleste. Ya se ha adherido a la moral y a la

religión triunfante cuyos templos se yerguen en los altos.

(Sin embargo, las comunidades han colocado por sobre los

altares los cementerios, por sobre la prédica de los

sacerdotes la presencia de los ancestros.) En la nueva

teogonía se impone el monoteísmo y se dice Cuzco como

quien dice Roma.



Pero no sólo aquí los espíritus de la tierra han encarnado

en los altares del panteón católico. La misma

evangelización en Europa ha cedido ante los cultos

ancestrales que encarnaron santos, vírgenes, cristos y

demonios. Así llegaron a América. Las fuerzas reprimidas

por el monoteísmo quedaron en los cuerpos y en las almas

de sus fieles y en sus nombres, en los calendarios de

siembra, cosecha, seca y lluvia, lunas y estaciones, y

desde la vida carcomen el templo del imperio. En cada

festividad, santo, fiesta patronal, se subleva la memoria

originaria.



d.



¡Oh, Dios soberano, poderosa raíz del ser! Señor, que

dijiste: Sea éste hombre, sea ésta mujer. Creador de todos

los elementos, ¿donde estás? ¿Acaso no podría verte? ¿Está

arriba o abajo o en el medio tu trono soberano?

Contéstame, tu que extiendes el mar del cielo y que

también afirmas el mar de la tierra. Gobierno del mundo,

Señor, creador del hombre, nosotros tus siervos, con

nuestros ojos entreabiertos dirigidos hacia ti, ansiamos

verte. Cuando pueda ver y saber y entender y meditar, tu

me verás y me conocerás. El sol, la luna, el día, la

noche, el otoño, la primavera no son en vano; obedecen a

un mandato, de modo pensado y cabal llegan. ¿Quién eres,

tu, que me concediste el cetro imperial? Contéstame,

escúchame, antes que caiga rendido, muerto.



He aquí la teología de Pachacamac Viracocha en su pureza,

expresada por voz del inca. Se trata de una pregunta por

la razón de la existencia. Una pregunta sin respuesta,

deseo de conocer los secretos del universo. Sabe que

cuando pueda ver y saber y entender y meditar será visto y

conocido, sabe que por ello no son en vano sol, luna, día,

noche, otoño, primavera. La intuición del Inca Capac

Yupanqui, equilibrada por Inca Roca, por Yahuar Huacac,

llega a su apogeo, lanza su canto angustioso en busca de

una respuesta.



Pachakuti Inca le dió a Pachacamac Viracocha imagen en el

templo de Copacabana. Cuando el final de este poema dice:

contéstame, escúchame, antes que caiga rendido muerto, se

aclara parte de la historia que nos dejaron los cronistas.

Pachacuti, el que escribe su poema tras morir, es hijo del

Inca Viracocha. El que vió y dió el rostro a Pachacamac

Viracocha es hijo de quien no murió. (La primera pregunta

de alumnos adolescentes del Taller de Historia Oral en

Iturbe, fue si los escritos no descifrados de Tiahuanaco

hablarán de cómo vencer a la muerte.)



e.



Del creador del hombre serías, dicen, mayordomo y siervo.

Recuérdame, tu que me colocaste como rey del Cuzco, Señor,

Tarapaca Tunapa. Aunque me muero, al que hiciste rey no

olvides. Y cuando muera, piensa en mi ánima y dale

fortaleza y sustento. Si me permitieras saber quien eres,

¿podrías ser tu el que derrota y espanta a los genios del

mal? ¡Ojalá pudiera conocerte y saberlo todo! Tu, que me

hiciste de arcilla y me formaste, repara en mi. ¿Quien

eres? Ya soy viejo, de tierra y agua.



Plena sabiduría: tierra y agua, fortaleza y sustento tras

la muerte, es el reclamo del inca a Tunupa Tarapaca,

manifestación de Pachacamac Viracocha (su mayordomo y

siervo) y por eso Cristo. La cruz que entierra Tunupa

antes de partir es la chacana, el secreto del calendario

andino. El nombre Tarapaca, conocedor de los cuatro

secretos, cuatro puntas de la cruz, cuatro rincones del

sol, cuatro abuelos sabios: agua, aire, tierra, fuego.

Tunupa es a la vez hombre y mujer. De la leche de su seno

se creó el salar de Uyuni. Huyendo de un marido viejo y

celoso hizo cerros y volcanes. Enseñó el secreto de la

agricultura. En su andar recorrió la tierra desde el lago

Titicaca hasta las costas del Pacífico, mamacora,

enseñando, organizando, dando vida. Hoy nos mira desde los

ojos de Cristo, última metamorfosis de su rostro.

¿Volveremos a conocer sus rasgos originarios? Ya soy

viejo, de tierra y agua.



f.



Beberemos en el cráneo del enemigo, haremos un collar de

sus dientes, haremos flautas de sus huesos, de su piel

haremos tambores, y así cantaremos.



Dejo para el final el canto cruel. La misericordia hace

esclavos de los derrotados y los consuela con la religión

de la piedad. La crueldad hace de los vencidos

instrumentos de fiesta. Cuando hay guerra, la actitud de

los vencedores puede ser de honestidad o de vileza, hecho

que se ve en el trato hacia los derrotados. La degradación

del vencido amarra la dignidad del vencedor ahogado en su

moral mezquina. La piedad del español sobrevino en

esclavitud, los templos sin mercaderes albergaron millares

de mendigos. Los vencidos son merecedores de un trato

digno, ¿y no es más digna la crueldad que la misericordia?

Abrirnos los ojos a la visión del mundo, moral que rigió a

los hermanos de otras pachas, tal es la noble misión de la

poesía.



En Tilcara, Abril de 2004.

Postdata. Julio de 2006. Llamo la atención sobre

cristianupacha, era comenzada con la evangelización. Hay

quienes pretenden erradicarla de la historia ancestral

como si no hubieran existido la esclavitud y la

evangelización. Pretender que Cristo no sea una waqa más

entre los desterrados de su pacha (que aún viviendo en su

tierra tienen que hacerlo bajo los administradores

extranjeros de su cultura) no sólo es negar la pasión de

los pueblos colonizados (negarse a si mismos) sino también

negarnos como hoy, como presente, como si no fuéramos y

sólo lo anterior haya sido. La virgen ya está en los

templos de la tierra, es los cerros, como que su falda son

las laderas del Potosí, negarlo es pretender la

instauración de un nuevo dogma (un antidogma de pretendida

pureza) cuando su resignificación en la superficie del

cristianismo popular, pero en el sistema del pensamiento

andino, nos devela a la vez la sabiduría que ha sido

ocultada y nos desoculta a nosotros mismos como voz andina.

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