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Intuiciones / UNA MISERA CANCION DE AMOR
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

UNA MISERA CANCION DE AMOR

Su estruendo era como el trueno

dragón metalizado

del que descendió como un dios

ojos espejados

cabellera apache.



Costaba recordar

al niño descalzo.

Su madre fue alzada sirvienta

y luego lo llevó

y dejó de revolcarse

por la tierra.



Llevaba

como un tatuaje indeleble

la cruz originaria

y cuando la carita

lo hizo cantor de cumbias

la noche lo halagó

con sus vicios a dos manos.



La pereza le recordó su tierra

muros caídos

de la casa de su abuela.



Llegó

montado en el dragón azul metalizado

anteojos espejados

y la cabellera lacia

para acabar con todos los vicios.



Primero

fue el alcohol barato

del almacén

para darle sueño

a la abstinencia

y para proteger el hígado

largas caminatas desde el alba

sólo sobre el tiempo

por el cerro

que se abría

entre las nubes del olvido.



Al fin llegó

a la puerta

estaba sentado un viejo.

Conversó y luego

conoció a su hija.



La muchacha ya era madre.

No dudó que un rameo

entre la hacienda

y la mantuvo inocente

como el milagro mariano.



Conversaban del campo

y ella tenía

la sonrisa que necesitaba.



Ella escuchó canciones de amor

donde brotaba

como una margarita entre cardones

quenti colorido y suave

donde hay color de tierra

manantial donde lo seco.



Lo escuchó inmereciéndose.

- Será el recuerdo

de una niña que no existe

que no pudo existir

en esta tierra.



Se las cantó al productor

que no podía comprender

la poesía.



Por sobre los rostros

tejía monstruos

que irían a estallar.



Temía que la muchacha

fuera una piedra

que se oxida

con la caricia del aire

que se seca

sin su tallo.



- Nos casamos

criamos hijos y hacienda, –

le confió añorando paraísos.



- Las putas

ni podemos ni queremos

ser señoras,

- dijo ella

y las catedrales

se deshicieron

como arena

para ser muros y pañuelos.



Ella contó su historia.

La ciudad a los quince

y un patrón que es más fácil

el sexo que la escoba.

Sencillos detalles

despreciables

y a él se le formó un tumor

en la contracción del vientre.



- El niño

puede haber sido

de cualquiera.

Fue tarde para abortar

porque estaba perdida.



Vio en su angélica

sonrisa la risa

del mismo diablo

y recordó sus canciones

para descubrirlas vergonzantes.



Levantó los ojos

dispuesto a vengarse

de alguna forma

y ella

con la misericordia de una santa

sacó de su cartera

un sobre.



- Guardaba esto

para cuando un dolor

o un recuerdo

me atore el alma.



Sobre un plato

hurtado a la alacena

de la casa del abuelo

donde ella descansaba

de la vida

antes de regresar

a la batalla

esparció las líneas blancas

donde el sol de la oración

se reflejaba

sobre el cristal de la cocaína.

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