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Intuiciones / LA ADORACION DEL DUENDE. AUTO DE FE.
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

LA ADORACION DEL DUENDE. AUTO DE FE.

PERSONAJES: ABUELA, PATRÓN, NIÑA, SAN ROQUE, DUENDE.



ABUELA - ¿Qué has visto en el cerro? ¿Un niño jugando

solo? – SE PERSIGNA. – Duende es, pues, que a la oración

busca compañía porque le viene la sombra de la peña. Años

se cuenta esa historia, pobrecito.



ENTRA EL PATRÓN Y LA ABUELA QUEDA A UN LADO DE LA ESCENA.



ABUELA – Mala hora para andar, pues.



PATRÓN – Siempre es mala hora cuando hay miedo.



ABUELA – Si la Virgen acompaña.



PATRÓN – Acompaña, acompaña.



SE OYEN BALIDOS.



PATRÓN - ¿Quién viene por el cerro?



ABUELA – (PERDIÉNDOSE POR UN LADO.) La hacienda, pues.



PATRÓN – No ha de venir sola.



ABUELA – (SALIENDO.) Será, si usted dice.



POR EL OTRO LADO ENTRA LA NIÑA. SE DETIENE AL VERLO, SE

PERSIGNA.



PATRÓN – No pensarás que soy el diablo.



NIÑA – Es que perdí una oveja, pues.



PATRÓN – Siempre algo se pierde.



NIÑA – La he buscado en el churcal.



PATRÓN - ¿No te ha dado miedo?



NIÑA – Mucho, pues. Temblaba más que las hojas.



PATRÓN - ¿Hasta donde has ido?



NIÑA – Hasta el antigal.



PATRÓN - ¿La alcanzaste?



NIÑA – Estaba más allá, la veía.



PATRÓN – No es mucho trecho.



NIÑA – Es mal trecho, dice la abuela.



PATRÓN – Siempre es mal trecho cuando hay miedo.



NIÑA – Debía atravesarlo y no quise.



PATRÓN - ¿Perdiste la oveja?



NIÑA – Dice la abuela que es mejor perder una oveja que

perder el alma, pues.



PATRÓN – Por eso son pobres.



NIÑA – (BAJANDO LA MIRADA) ¿Usted quiere tentarme?



PATRÓN – Tal vez quiera.



NIÑA - ¿No me ha dicho que no es el diablo?



PATRÓN – Todos podemos serlo. (DANDO UNOS PASOS HACIA

ELLA.)



LA NIÑA CORRE HACIA BAMBALINAS, POR DONDE APARECE LA

ABUELA. SE LE ABRAZA.



ABUELA - ¿Qué quiere de ella?



PATRÓN – Todos nacemos de la misma forma.



ABUELA – Es mocita, pues.



PATRÓN - ¿Virgen?



ABUELA – Si, pues.



PATRÓN – Entonces ando en buena compañía para ir por el

cerro.



ABUELA – Tenga compasión.



PATRÓN - ¿Acaso no la tengo? ¿O te olvidás como se

hicieron tus hijos? La vejez borra la memoria. (LE

ACARICIA EL ROSTRO A LA ABUELA.) ¿Ya estás tan lejos de

los carnavales? Batías bandera con la sonrisa más linda

que haya visto, bailabas con donaire. ¿Dónde has dejado

tus recuerdos?



LA ABUELA SUELTA A LA NIÑA. SE OYE UN BALIDO.



NIÑA – Mi oveja, mi ovejita perdida.



PATRÓN – Te voy a dar cinco por la que perdiste.



NIÑA - ¿Cinco?



PATRÓN – Dejala que a esa la quiere el cerro.



LA NIÑA MIRA A LA ABUELA, QUE BAJA LA VISTA. EL PATRÓN

ACARICIA LOS CABELLOS DE LA NIÑA.



PATRÓN – La oveja que preña el cerro da cabritos color

morado. Con su lana encarnada se tejen las faldas de los

carnavales. ¿Qué mal hay en los carnavales?



MIRA A LA ABUELA.



PATRÓN - ¿No son bellos?



LA ABUELA ASIENTE CON LA MIRADA BAJA.



PATRÓN – Cinco ovejitas a cambio de la perdida, y un

cabrito color de sangre. Dejala, pues, que así nacimos

todos.



LA NIÑA SALE CORRIENDO FUERA DE ESCENA, TRAS ELLA VA

CAMINANDO EL PATRÓN.



ABUELA – Así hemos nacido todos, pues. Siempre se camina

por el cerro, pero a la oración se puede errar y algún pie

se mete en la cuisera. Cristo, ¿porqué somos tan débiles?

Acertamos día y noche con tu ayuda, y en una encrucijada

nos equivocamos y perdemos.



SE ARRODILLA. ENTRA SAN ROQUE.



ABUELA – Santito de mi devoción, ¿porqué se perdió la niña?



ROQUE – Si Dios asiente, lo que se pierde se encuentra.



ABUELA – No hay un solo paso que demos sin su compasión.



EL SANTO SE ACERCA Y PONE SUS MANOS SOBRE LA CABEZA DE LA

ABUELA.



ROQUE – No hay oveja perdida que no pueda volver al rebaño.



ENTRA LA NIÑA CORRIENDO Y SE DETIENE CUANDO VE AL SANTO.

SE ARREGLA LA FALDA Y LOS CABELLOS. CAE DE RODILLAS ANTE

EL, EN EL LADO OPUESTO EN EL QUE ESTA LA ABUELA.



NIÑA – Padre, creo que he pecado.



ROQUE - ¿Creés?



NIÑA – Pequé, pues.



ROQUE - ¿Y estás arrepentida?



NIÑA – No lo se.



ROQUE – Entonces tal vez no sea un pecado.



NIÑA - ¿Y si lo es?



ROQUE – Y si lo es, tenés mucho por delante para pensarlo.

(HACIÉNDOLAS LEVANTAR) Cada día con sus problemas. Hoy

estoy hambriento, ¿no hay bollo en esta casa?



LAS MUJERES, DE PIE, PREPARAN LA MERIENDA EN UNA COCINA

IMAGINARIA.



NIÑA – Y la más verde rica rica que recogí en la playa.



ROQUE – Siento el olor del matecito.



ABUELA – El queso de las cabras para acompañar el pan.



EL SANTO TOMA UN PAN IMAGINARIO, LO PARTE EN LO ALTO, Y

REZA.



ROQUE – Dios ama a sus ovejas descarriadas porque de ellas

es el reino de la compasión.



LA NIÑA SE ACARICIA EL VIENTRE. EL SANTO QUEDA EN POSE DE

IMAGEN RELIGIOSA, QUIETO. LA NIÑA HACE COSAS IMAGINARIAS

EN LA CASA, ALEJADA. LA ABUELA NO LE HABLA A NINGUNO DE

LOS DOS.



ABUELA – Nunca llegaron las cinco ovejas, pues. Y del

cabrito morado sólo hubo un chivo cuyos cuernos se

parecían a la luna. Tenía la mirada dura que daba miedo y

pastaba alejado de la hacienda. A la oración, dicen, comió

un manojo de cola de cordero y enloqueció. Corrió como un

condenado sin fijarse en el barranco, pues, y abajo, sobre

la peña, aún están sus huesos. ¿Qué habrá sido?



NIÑA - ¿Debo seguir esperando?



ABUELA – Si llegan, llegarán.



NIÑA - ¿Debo reclamarlas, abuela?



ABUELA – Si el diablo se olvida de pagar, no cobra.



NIÑA – No quiero tener el hijo, pues.



ABUELA - ¿Y que harás con la leche que se junta en tus

pechos?



NIÑA – Ojito de agua ha de ser, para alimentar los surcos.



ABUELA - ¿Y que harás con la semilla que te engorda?



NIÑA – La sembraré en la chacra.



ABUELA – Será diablo, pues.



NIÑA – Cualquiera puede serlo.



ABUELA - Seguirá los caminos de su padre.



NIÑA – Le hará pagar sus mentiras.



LA NIÑA SE SIENTA DE CUCLILLAS EN UN RINCÓN, HACIENDO

FUERZA. LA ABUELA NO LE HABLA A ELLA.



ABUELA – Si muere un niño que ya soñó el amor, llega su

voz hasta el Señor para llevarle las súplicas de los

vivos. Si muere ya bautizado, vuela como un angelito hasta

los confines del cielo. Pero si muere antes de nacer,

queda en la tierra, pues. Es duende. Quiere la leche que

ha perdido, y como un machado, reclama el juego de otros

niños hasta ponerse violento.



LA NIÑA CUBRE CON UNA MANTA AQUELLO QUE DEJO EN LA TIERRA.

SE ARRODILLA A SU LADO Y COMIENZA A ACARICIARLA. ROQUE

COMIENZA A MOVERSE.



ABUELA – (A ROQUE) ¿Hasta donde se perdonan los pecados?



ROQUE – Hasta donde ha sufrido Cristo, porque ya sabe que

un solo error puede borrar todos los aciertos.



ABUELA – ¡Cuanto amor tiene con sus hijos!



ROQUE – Tuvo que ser hombre para comprender las angustias

de la vida y la incertidumbre de la muerte. Escuchaba el

clamor del suelo cuando sólo esperaba el agradecimiento de

aquellos que modeló del barro, y cuando se abandonó a la

traición y al sufrimiento de la cruz, supo aquello que

querían decir los llantos.



TIRADO DE UN HILO QUE NO SE VE, EL CENTRO DE LA MANTA SE

ALZA. LA NIÑA MURMURA UNA NANA.



ABUELA – Hay amor hasta en el pecado, entonces.



ROQUE – Sólo por amor Adán acompañó a Eva en la caída, y

cuando la matemática del cielo se hizo hombre, no estuvo

con los justos sino con los pecadores.



LA MANTA YA ES UN BULTO, Y LA NIÑA LO TOMA EN SUS BRAZOS.

LO MECE COMO A UN BEBE. ROQUE LE TIENDE LA MANO A LA

ABUELA, QUE LA BESA.



ABUELA - ¿Se va?



ROQUE – (COMO EN SECRETO) No es bueno que me encuentren

en ciertos lugares. (SE VA.)



ENTRA EL DUENDE DANDO TUMBOS. LA NIÑA YA NO TIENE EL BULTO

EN LOS BRAZOS.



ABUELA - ¡El duende!



NIÑA – Hijo, hijito.



SE PONE DE PIE PARA ABRAZARLO. EL DUENDE HACE COMO SI

QUISIERA ESQUIVARLA, PERO LUEGO LA ABRAZA Y PONE LA CARA

EN SU PECHO. ELLA GRITA DE DOLOR. LA ABUELA SE LE ACERCA.



ABUELA - ¿Qué ha hecho? ¿Te ha mordido, pues? Le echemos

agua bendita para que pueda descansar su almita.



LA NIÑA PROTEGE AL DUENDE ENTRE SUS BRAZOS.



NIÑA – No lo toque que es mi vida.



ABUELA – Cristo.



NIÑA – Le he dado la muerte para que tenga el poder de

protegernos, pues.



ABUELA – El poder es de Dios, sólo de Dios.



NIÑA – ¿Y si Dios no se fija en las desgracias?



ABUELA – Será para que suframos como él sufrió en la

tierra.



NIÑA - ¿Quiere que sufra más de lo que he sufrido?



SE TOMA LOS PECHOS Y CAE DESVANECIDA EN BRAZOS DEL DUENDE.

ENTRA SAN ROQUE CON UN ROSARIO EN LA MANO, REZANDO. AL

VERLO, EL DUENDE HUYE. LA ABUELA SE SIENTA AL LADO DE LA

NIÑA Y PONE SU CABEZA SOBRE SUS PIERNAS. ROQUE LE VENDA EL

PECHO CON UNA TELA BLANCA MANCHADA DE SANGRE. LA LEVANTAN

UNO DE CADA BRAZO Y LA SACAN DE ESCENA. SE OYE MUSICA DE

CARNAVAL. ENTRA LA NIÑA CON EL DUENDE, QUE ESTA VESTIDO

CON ALHAJAS Y CASCABELES Y UNA CORONA, COMO SI FUERA LA

PARODIA DE UN REY HECHA POR UN ENANO. ELLA AUN LLEVA LAS

VENDAS EN EL PECHO, PERO LIMPIAS. POR UN LADO APARECE LA

ABUELA. LA NIÑA HACE LA MÍMICA DE DECIRLE COSAS AL DUENDE.



ABUELA – Y así anduvieron, años juntos, pero ella

envejecía y el duende siempre era un niño, pues.



NIÑA – (AL DUENDE) Mirá, ahí vienen los diablitos.



ENTRA POR EL OTRO LADO ROQUE. LA ABUELA SE DA VUELTA AL

OÍRLA Y AL VER A LA NIÑA CON EL DUENDE, SE PERSIGNA.



ABUELA – Cruz diablo.



EL DUENDE CORRE HACIA EL LADO DE ROQUE, PERO AL VERLO SE

VA DE ESCENA POR EL OTRO LADO. LA NIÑA MIRA A UNO Y A

OTRO, Y LUEGO LO SIGUE.



ABUELA – Se está perdiendo, pobrecita.



ROQUE – (MIRANDO PARA EL LADO POR EL QUE LA NIÑA SE FUE)

Hay que dejarla andar, ¿cuántos que no se pierden van por

peor camino?



ABUELA – Hay trechos más seguros, pues.



ROQUE – Si, pero a lo sumo llevan hasta el almacén.



ABUELA – (MIRÁNDOLO) ¿Está seguro que usted es un santo?



ROQUE – Si, pero no se olvide que soy el patrono de los

perros.



SE VAN POR EL MISMO LADO POR EL QUE SE FUERON LA NIÑA Y EL

DUENDE. MIENTRAS VAN CAMINANDO LENTAMENTE, EL CUENTA.



ROQUE - ¿Conoce mi historia? Le cuento, nací un siglo

antes de que Pisarro llegara al Cusco, cuando Europa era

asolada por la peste. La gente se moría como perros en la

calle, y muchos marchaban por los caminos flagelándose

para conmover a Dios, pero por sus heridas entraba peor la

enfermedad y sus cuerpos terminaban revolcándose con los

de los pecadores. Nunca la soberbia de la fe fue más

castigada. Yo me dediqué a cuidar enfermos. Si alguien

hubiera inventado mi historia, habría puesto que Dios me

protegió del contagio. Pero el milagro fue, justamente,

que me atacó la peste. Me aparté entonces del mundo, y un

perro me alcanzaba el pan que robaba de los tachos de

basura, y un ojito de agua calmaba mi sed. Al fin curé,

pero para sentir el fondo de la miseria. Los estados

cristianos combatían en una de sus tantas guerras, y en

una frontera me tomaron por espía. Lo que no pudo la peste

lo pudieron cinco años de cárcel, donde me apagué.



YA ESTÁN FUERA DE ESCENA. LA VOZ DE LA ABUELA SE ESCUCHA

EN OFF.



ABUELA – Mire usted, no lo sabía.



ENTRA EL PATRÓN, QUE YA TIENE LOS CABELLOS BLANCOS.



PATRÓN – Años que no vengo por aquí. Hoy es como si me

hubieran llamado, como si tuviera que cerrar algo de mi

vida. Y tal vez sea sólo para ver las tierras abandonadas.

Desde que no los hago trabajar, nadie cultiva. Alguna

haciendita aquí, otra allá, alguna chacra. Sólo piensan en

sobrevivir.



VOZ DEL DUENDE – Señor, señor.



PATRÓN - ¿Quién me llama?



EL DUENDE APARECE AL BORDE DE LA ESCENA, SENTADO EN EL

SUELO JUGANDO CON UNAS PIEDRITAS.



DUENDE – Aquí, venga a ver esta punta de flecha que

encontré.



PATRÓN - ¿Y tus padres? ¿Tan pequeño y te dejan jugar sólo

en el cerro?



DUENDE – A mi padre no lo conocí, señor.



PATRÓN – (SE ACERCA AL NIÑO.) Esta gente, pobre criatura.

¿Cuántos años tenés?



DUENDE - ¿Yo? Como cincuenta.



PATRÓN – (COMO QUIEN SIGUE UNA BROMA.) ¿Si? En ese caso yo

debo tener doscientos. ¿Y tu mamá?



DUENDE – Mamita ya podría ser abuela.



PATRÓN – Debés tener un montón de hermanos.



DUENDE – No he tenido. Desde que me abortó fue casta.



PATRÓN – (RETROCEDIENDO.) ¿Cómo decís?



DUENDE - ¿Me tiene miedo?



PATRÓN - ¿Miedo? No, yo...



EL DUENDE SE PONE DE PIE Y CAMINA HACIA EL PATRÓN, QUE

RETROCEDE HASTA EL BORDE DE LA ESCENA.



DUENDE – Dice mi mamá que cuando me concibió estaba

buscando una oveja perdida.



PATRÓN - ¿Y la encontró?



DUENDE – Estaba más allá de un antigal y prefirió no pasar.



PATRÓN – (SIN MUCHAS CONVICCIONES.) Gente ignorante.



DUENDE – Creen en los duendes, por ejemplo.



PATRÓN - ¿Y cómo fue que encontró marido?



DUENDE – No fue marido, sólo un hombre que le ofreció

cinco ovejas por la perdida. Y un cabrito de lana roja de

yapa.



PATRÓN - ¿Y cumplió?



DUENDE – Dice mamá que no.



PATRÓN – Por eso no te tuvo.



DUENDE – Dice que estaba cansada del miedo.



CUANDO EL PATRÓN LLEGA AL BORDE DE LA ESCENA, PIERDE EL

EQUILIBRIO COMO SI ESTUVIERA AL BORDE DE UN BARRANCO A SUS

ESPALDAS. RECUPERA EL EQUILIBRIO PERO QUEDA ATERRADO ANTE

EL DUENDE QUE CADA VEZ SE ACERCA MAS. APARECE LA NIÑA, YA

TAMBIEN CON LOS CABELLOS CANOS.



NIÑA - ¡Hijo, no! ¡Ese es tu padre!



EL PATRÓN, ANTE EL GRITO, VUELVE A PERDER EL EQUILIBRIO Y

CAE DE ESPALDAS FUERA DE ESCENA. EL DUENDE CORRE EN BRAZOS

DE SU MADRE, QUE LO ABRAZA, ARRODILLADA.



NIÑA - ¿Sabías quien era?



DUENDE – No, sólo quería asustarlo.



NIÑA – Pobre angelito, ¿cómo vas a poder limpiar tanto

dolor? (COMIENZA A CANTAR LA NANA CON QUE LO ACUNABA AL

NACER.)



SE OYE MUSICA DE VILLANCICOS. ENTRAN LA ABUELA Y SAN ROQUE.



ABUELA – Pobre niña.



ROQUE – Se cerró el círculo, hay cosas que no pueden

evitarse. Hay tantas vidas que se parecen a los cuentos.



ABUELA - ¿Y esa música?



ROQUE – Adoran al niño. Es la costumbre que tiene el

pueblo para las Navidades.



LA MUSICA SE ACERCA.



ABUELA – Pero se acercan para acá.



ROQUE - ¿Se sorprende? También dice el pueblo que aquellos

que sufren están cerca de Dios. Usted lo sabe.



ABUELA - ¿Y es cierto?



ROQUE – En cosas de la religión, a veces hay que escuchar

más al pueblo que a los teólogos. ¿Se acuerda como era

esto? (LE TIENDE LAS MANOS PARA INVITARLA A ADORAR.)



ROQUE Y LA ABUELA ADORAN ANTE LA NIÑA Y EL DUENDE QUE

ESTÁN ABRAZADOS, SENTADOS EN EL SUELO, A UN LADO DE LA

ESCENA.

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