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Intuiciones / PORQUE SOMOS ADOBE.
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

PORQUE SOMOS ADOBE.

1.



Porque somos adobe que el agua el sol el tiempo van

deshaciendo, pues.

Porque sembramos una vez para todo el año

y cuando cosechamos la tierra queda en silencio.

Porque entre el cardón y su flor y su fruto hay un abismo

enorme.

Por eso es que las cosas no son como queremos sino como

son.

Por eso la eternidad es un tiempo con fin y con principio,

por eso las leyes del universo son dioses

que nacen y crecen y se equivocan y mueren,

por eso los avatares del mundo también son dioses.

Porque tanto la conservación como la destrucción son

movimiento.



Es un suspiro la brisa que en la tarde da el cristal, que

mece el molle

corriendo sus sombras y aullando bajo.

Es la furia irracional que baja con los ríos

deshaciendo el cerro que, también, es barro y piedra.

Es una presencia poderosa

germinada cuando el hombre se acercó sediento a la Tierra

cuando se arrodilló ante ella

cuando supo que sembrar y corpachar son la misma cosa.

El respirar lento de los cerros.

Aquello que no se puede percibir cuando la velocidad en la

mirada.



La mirada lenta. El paso lento, pues.

Con coquita y alcohol podés entrar a cualquier parte.

Al cerro mismo. A la noche. Al amor. Al miedo.



2.



Cuando afuera de las casas

más allá de los sembrados

antes del Sol



cuando donde la pastura

que ha de comer el ganado



tras un churqui

sobre una piedra



en las sombras



está la posibilidad de la presencia de un puma.



3.



Volveremos siempre a la casa

el problema es en qué estado.

Alguna vez las cosas no serán las mismas cosas

y los familiares nos mirarán con miedo.

En las ermitas de piedra

nuevamente figuras hoy desconocidas

levemente travestidas.

Un habla distinta y bella

en la boca de la gente

donde hablar y pensar será más cómodo.

Un mundo del mismo modo en que lo vemos

sin el cristal bochornoso de los sabios.



4.



Descalza sobre el agua

cerca de un árbol

la niña sonríe su belleza.



Debajo de sus pies

las piedras frías

y por sobre ella

el sol del atardecer.



5.



En sirviñaku somos

esperando la hora de la mita.

El Sol del atardecer enrojece el cerro.

El bullicio de la copla quedó lejos y terminó.

Un abuelo sube al abra

andando en procesión por las calles de su pueblo

¿viendo por última vez las cosas conocidas?

Una banda de sikuris lo acompaña

olvidando los besos que ya no le han de dar cuando

Noviembre,

la sal de los cariños.



En sirviñaku somos

esperando la hora de la mita.



6.



Porque hay un dios inencontrable,

están los espíritus de las cosas.

La mama del maíz, la pacha,

el río, el cerro,

la callecita que baja,

el murmullo de la acequia,

vos, yo, el adobe.

La fuerza de la parte nuestra del universo.



7.



Tímido y claro y débil

el brote sale de la tierra.

Asoma su cresta

por sobre el abra de los surcos

y mira aquí y allá

sin siquiera temerle al pico del mirlo.



8.



Al amanecer reviso mis bolsillos:

encuentro hojas de coca

hojitas dañadas

las que no entregué como mi hacienda

a la mesa que preparaba la anfitriona.



En mi mente quedó el vaho

como la koha ardiendo en el tizón

de la chicha digiriéndose en la tripa

saratoga en los mojones

el vino la rueda de la copla

el letánico ritmo de la cumbia.



Al amanecer reviso mis bolsillos

y encuentro hojas de coca.



9



En los senderos del cerro

sentado en una roca

estudio los escritos



las espinas de los arbustos

retienen capullos de lana

de los rebaños que pasaron:

phushka primordial



se me ocurre reinventar

la historia del hilado



piedras formadas en el seno de la tierra

deshicieron el cerro en el verano

- allá abajo en el camino

hombres que las cargan en un camión

para defender las casas de la creciente

para levantar cimientos

mientras las imágenes que se veneran

antes del miedo

fueron y son piedra.



10



El molle forma su propio altar

piedras sostenidas por el adobe originario

apacheta junto al lecho que también es piedras



las abuelas dicen:

no hay que dormir bajo sus ramas

y en caso de caer en sueños

se lo insulta y se lo escupe

en caso de caer en sueños

porque su sombra es apacible

cuando el sol de los descensos.

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