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Intuiciones / LEYENDA DE LA NIÑA, EL PADRECITO, EL LIBRO, EL PATRÓN Y EL DUENDE.
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VIRGENES

Textos de Ricardo Dubin /

cultura

LEYENDA DE LA NIÑA, EL PADRECITO, EL LIBRO, EL PATRÓN Y EL DUENDE.

1.



- Quiero ser santa, padre, -

dijo la Niña.



Y el hombre la miró como a

cosas

que regresan a la noche

aunque haya aclarecido.



La Niña se arrodilló y le besó la mano,

una raíz rugosa de tanto laborar el Libro

buscando en su reflejo las respuestas,

y la mano regresó al bolsillo

y el beso se quedó en el aire.



Los ojos brillaron en los rostros del altar

como si una presencia

quisiera descarnarlos.



- Bendígame, padre.



La superficie del agua

en el seno de la pila

contra la resistencia de la mano

suspiró un vapor.



No era vino el agua de la pila

y en cambio vaporaba.



- Prometo dar la vida, padre,

cada minuto

de mi vida.



La tentación de las palabras

fue mucha

y la mano buscó sus labios

en un beso para hundirse

en el bochorno.



Los bancos vacíos

se sonrojaron

y las imágenes

sonrieron.

2.



¿Qué dice el libro?



Habla de pastores que riñen por el agua

De bellas pastoreras

que el patrón se alza a su tienda

De un Dios que es impiadoso

porque está al alcance de los ojos



(Comprendió

que las palabras señalan a la vida.)



La niña, en tanto

entró a la casa del patrón,

bajó los ojos.



Sus manos le quitaron la ropa

despétalo tras pétalo

y la posó sobre la cama

como a una flor que teme desarmarse.



Brotó sangre y savia blanca



le había besado los hombros

le había recogido el cabello

besó sus senos capullo

y un suspiro

en la pequeña boca de ella

fue también un rezo



penetró la carne y savia blanca



le regaló un vestido

3.



¿Qué dice el libro?



Amplia pradera de arena blanca

y en una cueva un pesebre



echada entre las llamas

la Niña que quiere ser Santa.



Su dedo rugoso dobló la página

donde ella sonreía

y se acariciaba el vientre.



- Ay, andar por sobre el río

sin precisar el puente

pescar hasta romper las redes

hacer de un pan millares

y sacar vino del agua de la fuente.



(¿Cómo decirle que una parte de la santidad

no es la santidad completa

y se le opone?)





Se torció como un molle

sobre las viejas páginas

y en ellas le besó la frente.



4.



Pasaron los santos del invierno

buscando el agua con el pico rama

el mes de la corpachada

la ascensión al cerro por la lluvia

y ella soplaba cañas con su vientre

sonriente y bella



Vinieron las almas por su avío

desandando el lecho de aquel río

y cuando la Madre de Dios sube a los cielos

golpeó la puerta de la curandera.



- ¡Quiero el matecito!



- ¿Más duendes en el cerro?, -

preguntaron la vieja y su hija

y la hija de su hija

entre el adobe frío.



Las tres mujeres repitieron a coro:

- ¿Otro infante alzado

sin agua bendecido?



- Tal vez brote un angelito, -

dijo la Niña,

pero ya sabía.



- Para que interceda

hay que bautizarlo

de blanco y crucifijo, -

dijeron las tres bocas

del crudo pobrerío.



- ¿Y un pastor que silva a las vicuñas

montado en suri

en un andar perdido?



- ¡Un duende!, -

le gritaron.



- Lo hei de cuidar, pues.

Será distinto.



Y se fue con el yuyito al cerro

para abortarlo cerca de un ojito.



5.



Lo mimó como a una chacra niña

y el duende le creció en el pedrerío

asomando su cresta por el surco,



y eso, ya,

no lo decía el Libro.



Lo arrulló con cantos tan tiernos

que dolían

y al ponerlo en su seno

le mordió la teta el mal parido



y eso no lo hablaba

el Libro.



6.



Golpeaba el Libro el padrecito



- Yo lo hubiera criado, -

le decía.



- Pero es hijo del patrón, -

le dijo el Libro.



- Le contaría tus cuentos

hasta que se haya dormido.



- Pero quien cría es el Sol, -

decía el Libro,

- para entregarlo a la Madre en los altares

y que ella lo entregue a los esbirros.



Y las quenas adoraban

al pie mismo del pesebre.

En villancicos cantaban

las historias de los reyes



caballito negro

negra la corona

va por el camino

subiendo la loma



estrellita blanca

que en el cielo brilla

ha nacido el Niño

que a todo ilumina



ha nacido el Niño

y el buey lo venera

el caballo negro

lo negro atraviesa



negra ya la arena

negro el horizonte

llega hasta el pesebre

que al Niñito esconde

7.



Los niños le abren paso, temerosos.

La Niña-madre se le adelanta y alza a su hijo-duende.

Se detiene la adoración.

Con el pecho vendado, toma al Niño en sus brazos

y el Niño sonríe, se ven sus dientes perfectos.

El hombre baja del caballo negro

y de su negra camisa saca el hisopo,

bendice al Niño en manos de su madre

y la carne se le seca hasta los huesos,

se le secan los ojos en sus cuencos

y las manitas buscan a la madre

y no la alcanzan.



8.



Desde entonces, dicen,

María alza en sus brazos el vacío.

No hay Cristo en la cruz

y en los cuadros

nadie predica a los apóstoles que escuchan una ausencia.

Extraña es la iglesia de este pueblo.

Los santos se alzaron con toda la expresión de lo divino,

ignoran el Padre Nuestro, rezan el Ave María.

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